Música y matemáticas, paradigmas de lo abstracto

Scott Rickard, profesor en la University College de Dublín, diseñó, desde su perspectiva, la pieza musical más fea posible, carente de repetición, usando un concepto matemático conocido como la regla de Golomb. En esta charla, comparte las matemáticas detrás de la belleza musical y su opuesto.

Scott, Rickard es un apasionado de las matemáticas y la música, su aportación en educación de la próxima generación de científicos y matemáticos es enorme. Su interés por la música y las matemáticas lo llevó a tratar de resolver un problema matemático interesante: una partitura musical sin patrón. Es licenciado en Matemáticas, Ciencias de la Computación e Ingeniería Eléctrica del MIT, también posee una maestría y un doctorado en Matemática Computacional Aplicada en Princeton. En la University College de Dublín, fundó el Laboratorio de Sistemas Complejos y adaptativos, donde los biólogos, geólogos, matemáticos, informáticos, científicos sociales y economistas trabajan en los problemas que importan a la gente. Él es también el fundador de ScienceWithMe!, Una comunidad en línea dedicada a involucrar a los jóvenes a través de la ciencia y las matemáticas.

Resulta extraño entender porque los músicos han utilizado las Matemáticas en sus obras o los matemáticos han empleado esta ciencia para crear música, hay muchos ejemplos, podemos empezar con Pitágoras quizás uno de los matemáticos más importantes de la historia, que además era Filósofo y Astrónomo. Pitágoras estudió la naturaleza de los sonidos musicales. En la escala diatónica. Pitágoras estaba influenciado por sus conocimientos sobre las medias (aritmética, geométrica y armónica) y los números naturales, especialmente los cuatro primeros. Había experimentado que cuerdas con longitudes de razones 1:2, 2:3 y 3:4 producían combinaciones de sonidos agradables y construyó una escala a partir de estas proporciones.

Leibniz describe a la Música como un ejercicio inconsciente en la Aritmética. Esta afirmación quizás se podría justificar sobre la base de que el músico intérprete cuenta los tiempos del compás cuando comienza a estudiar una obra pero después de un tiempo de tocarla, ya no está contando conscientemente sino que deja fluir la magia de la música.

Sin embargo las matemáticas tienen que ver más aún con acústica que con composición, ya que el uso de matemáticas en composición está históricamente limitada a operaciones mas simples de medir y contar. El intento de estructurar y comunicar nuevas formas de componer y de escuchar la música ha llevado a innovadoras aplicaciones musicales, ya que la música cambia su textura y carácter según el lugar y la época.

Es de llamar la atención que tanto el matemático como el músico se encuentran ocupados resolviendo problemas o componiendo o interpretando, enseñando a alumnos, sin detenerse a pensar que ambos están entregados a disciplinas que son paradigmas de lo abstracto..

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